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19/06/2013 · Alcohol para principiantes

El consejero Jerónimo Blasco ha alertado que la prohibición de dejar entrar a los menores en eventos donde se bebe alcohol, repercutirá en un aumento del fenómeno del botellón. Esto no debía preocuparle mucho hace cuatro meses, cuando el gobierno del que forma parte cambió la normativa por la que se sancionaba esta conducta con 1.500 euros por un “apercibimiento de la autoridad”. A lo mejor ahora le intranquiliza que los policías municipales se vean desbordados por reñir a tanta gente en estado de embriaguez, sin más autoridad que el rapapolvo verbal. España, a diferencia de otros países en los que incluso se multa por mostrar botellas y latas de bebida en la calle, no tiene una legislación unificada que proteja al menor de esta imagen poco ejemplarizante, e incluso perjudicial. Nuestra ciudad acusa además una gran falta de tacto en este tema, personificada en algunos dirigentes políticos que animan al consumo de alcohol en las fiestas, y convierten su salón principal en un botellódromo gigante mediante un concurso que la justicia echó atrás tras tildarlo de “auténtica competencia desleal” con los bares,. Tal vez el consejero Blasco y el Alcalde de Zaragoza deberían preguntarse sobre la razón por la que los menores no pueden entrar en los bares, beban o no beban alcohol; como tampoco pueden entrar en espectáculos no recomendados para ellos aunque prometan mantener los ojos cerrados, o no pueden fumar aunque juren no tragarse el humo. En nuestro país los jóvenes comienzan a beber a los trece años y la amplia mayoría lo hace en botellones y eventos como los que ahora se tratan de regular. Echarse las manos a la cabeza y alertar del aumento de un fenómeno como el botellón, que hasta la fecha no solo no han evitado, sino que han facilitado, resulta un acto de hipocresía tan manifiesto que ni la borrachera más gorda lo puede disimular. Harán bien en bajar las manos y emplearlas de una vez en firmar reglamentos que eviten un futuro lleno de malas resacas para nuestros niños.

 

Publicado en Heraldo de Aragón