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10/07/2006 · A modo de prólogo...

Dicen que el arte no es sino la manifestación del hombre en su lenguaje más puro.

Para mí, el arte es la única forma que tengo de expresar determinados sentimientos o percepciones que formuladas de otra forma me parecería insuficiente o simplemente no sabría como hacerlo. Por eso, y como el arte no es más que la metáfora de un mensaje, sirva esta metáfora a modo de fábula que escribo a continuación, como justificación de lo que quiero hacer con esta página Web, y de lo que va a significar mi diario de obsesiones. Espero que el quiera entender, entienda.

 

?Las paredes del museo de Amaranto son pobres en color y contenido. Esta noche, los suspiros del viento apagan el calor de las velas en una nana de fría melancolía.

Al fondo del pasillo de los retratos, el murmullo sordo y quejumbroso de un llanto distrae la atención a las estatuas, que quiebran sus cuellos sangrando arena blanca de sus pieles.

Sobre la pared, una noche más, como tantas otras de infinita soledad, el retrato de una bella joven mancha la pared y el suelo bajo su marco. Sus ojos de ámbar, verde, rojo y melancolía, descargan gotas de óleo azul que surcan su cara dibujando la silueta de dos barrotes sobre sus labios. Los otros retratos la miran sin comprender, les gustaría preguntarle por qué, noche tras noche, mancha su bello rostro y lo deforma en un mar de suspiros y colores fríos.

Daniela, una hermosa y lozana joven que le observa retratada junto a una fuente, desde la pared de enfrente, resquebraja su boca y raja el lienzo de dolor, sucumbiendo a la curiosidad de tantas historias imaginadas de finales tristes y musas envenenadas.

¿Por qué cantas todas las noches como si todos los violines del mundo se quebrasen a un tiempo? Murmura entre los jadeos permitidos por la obertura de la tela.¿Piensas acaso que derramar el color de tus bellos ojos apaciguará el dolor que sientes? ¿Que destruir la obra de la mano que te dio vida liberará su peso?

La joven interrumpe entonces el río de sus desventuras y lánguidamente responde en una mirada a todas las preguntas, como un amanecer que descubre los colores de que están formadas las pesadillas de la noche anterior. Y en esa mirada cuenta la historia de un artista que amó hasta pintar con la sangre de su vida el rostro de su amada, que se consumió pincelada a pincelada en noches de luna llena y velas, primaveras e inviernos, para alcanzar si acaso el resquicio de la luz de la amada, que dedicó su arte, sus sueños y su locura enteramente a la dueña de su rostro y violó cada instante de su vida en un continuo suspiro.

¿Por qué lloras entonces? Se asombra Daniela, inclinando su rostro sobre la fuente  y deshilando en una sonrisa de esperanza su taimada boca. ¿Hay acaso algo más bonito que alguien que vive por su amor y lo ofrece todo por él?

Una nueva lágrima de óleo cae sobre las baldosas del arcano museo, y al desbordarse en un universo de pequeñas estrellas saladas, retumba la respuesta en un canto de sirenas. ¿Amor? Amar es suplicar, no admirar. Amar es ofrecer, no suspirar. Amar es desbordar la sangre en fuerza y no en ausencia. El artista que tanto me amó se consumió toda la vida en una continua ansia, en un deseo, en darle color a sus sueños y beber del rocío de los amaneceres sin atreverse a rondarle a las estrellas de la noche, al triunfo o al fracaso. Por eso, me castigó asimismo a la condena de su ausencia, creó un rostro que nunca pudo amar porque siempre tuvo miedo, y es por este miedo que recorre las líneas de color y mis veladuras, que todas las noches sufro por lo que pude haber sido y que no fui, por la condena de recrearse en hacer lo cómodo. Por creer que vivir es evitar morir, aunque sea de amor, y por pensar que los dioses quieren altares para ser adorados en lugar de quererles por hacernos felices. Por eso te digo bella muchacha, que si el pintor hubiese pintado el amor o el desprecio que un día pude haberle dado si en vez de pintarme me hubiese hablado, mi vida tendría un sentido y no necesitaría borrar con mis lágrimas esta falsa sonrisa que no sabe su razón porque nunca tuvo el valor de preguntarme.

Daniela asiste solemne al nuevo deshielo que comienza a derramarse en los ojos del bello rostro, sin atreverse a decir nada por no borrar lo único con sentido que hay en su vida, su tristeza, dolorosa, pero por fin sincera.?