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09/09/2006 · Me tiré por vos

Ha caído finalmente en mis manos el manuscrito de Anomia, la novela de mi amigo Yago de Marta, tras varios meses de espera en mi pila de libros por leer. Ruego disculpe mi tardanza en acometer la empresa, pero la pila rebosaba de títulos que se entrelazaban los unos con los otros, creando una epopeya literaria en largos capítulos de distintos autores.

 

En su obra, Las meditaciones de un personaje propio de J. D. Salinger relatan como el destino le empuja a brindar el final del libro con cicuta contemporánea, no se preocupen por conocer el final, si lo leen, descubrirán que la antinovela de Cortázar también es un referente de Yago.

 

Reflexiono por tanto sobre el suicidio, preguntándome si no tendrá razón Yago al plantear que hay personajes de esta gran función que están predestinados desde el primer acto a morir por sus propias manos.

 

¿Qué es el suicidio? Quitarse la vida, dicen, pero todos nos quitamos cada día la vida un poco, simplemente con vivir. Así que no lo veo tan sencillo. ¿Apresurar la muerte? Ya lo hace quien da la vida en una guerra o se tira al metro para salvar a alguien que se ha caído a la vía. Incluso quien se hace explotar al lado de dos soldados israelíes. ¿Son también suicidas? No, el auténtico suicida es el que se quita la vida sin ningún sentido. ¿Por miedo? No estoy seguro?

 

Ismael Serrano describe en una canción las calles de Buenos Aires, el barrio San Telmo? y habla en ella de Charlie García, que se tiró del séptimo piso de un hotel a la piscina, y en cuyo vuelo tuvo tiempo de fotografiarse para que posteriormente, se le mandase a ella la instantánea, sonriente la cara de Charlie, con el siguiente pie de foto: ?Me tiré por vos?.

 

¿Podríamos considerarlo morir de amor? No creo, más bien Charlie murió de vanidad amorosa, simplemente quería demostar cuánto la quería sin impórtale lo que ella pudiese sufrir con su propósito.

 

Mi amiga Solange, también murió de amor, aunque resucitó a los seis meses. Es una historia muy divertida, aunque a mí y a mis amigos, como comprenderán después de leerla, no nos hizo ni puta gracia.

 

Solange era preciosa, y no lo digo yo. Había sido primera dama de honor de su país, Venezuela; portada de la revista Playboy en España? ¿Necesito describirla o creen en mi palabra? La conocí en Las Palmas, vino a una de las fiestas que organizábamos en nuestra terraza bajo las estrellas. Mi primera conversación con ella derivó sobre la situación política de su país, al final Hugo Chávez ha conseguido que todos los venezolanos le tengan más presente que a sus propias madres. Después, gracias ella descubrí el rancho venezolano, las arepas y el bar coyote de Las Palmas.

 

Cuando volví a la península mantuve el contacto por Internet, los últimos meses de su primera vida comenzó a mandar mails en los que avisaba de su inminente final, al principio, claro, le llamas, te interesas, le intentas ayudar? Pero como la cosa se dilataba en el tiempo, pues quieras que no, al final ves que se trata solamente de llamar la atención. ¿Por qué necesita llamar la atención? La pobre Solange, había conocido a un chico que por primera vez en su vida? pasaba de ella. No pudo soportarlo.

 

Finalmente un día todos los amigos recibimos un mail en el que se despedía de nosotros, anunciando que por culpa de este chico se iba a suicidar al día siguiente en su Venezuela natal. Ninguno le hicimos caso, pensando que se trataba de una de sus sobredosis de pastillas Juanola habituales.

 

Una semana más tarde me llamaron mis amigas de Las Palmas para comunicarme su fallecimiento. Ellas lloraban, más de una se sentía responsable, todos nos sentíamos responsables?

 

Se celebró su funeral en Las Palmas, después de eso, ya saben lo que queda? un recuerdo que poco a poco se convierte en sentimiento de culpa. Todos pensábamos que únicamente quería llamar la atención? sin embargo?

 

¿Dónde está la gracia? se preguntaran. Pues que seis meses más tarde resucitó de entre los muertos. Era todo mentira, se encontraba escondida en su casa de Venezuela.

 

Imaginen nuestra cara, imaginen la de los que acudieron al funeral, imaginen la de los que se sentían responsables por no cogerle el teléfono en sus fingidos últimos días? Pero sobretodo imaginen la del chico al que acusó públicamente de ser el responsable de su muerte?

 

Supongo que le haría incluso menos gracias que a la enamorada de Charlie García cuando recibió la foto.

 

¿Saben a qué viene esto? A que el suicidio no es un peso más en la balanza, ni una ruleta rusa. Es un acto de honor, como lo fue para Sócrates; una liberación, como fue para Sanpedro o una solución mejor, como lo fue para Hitler. Pero siempre, siempre, es un acto de cobardía porque no hay nada digno en el suicidio, es un lavarse las manos y no pensar en los demás.

 

También viene a que recientemente se ha tratado el suicidio a la ligera en mi ámbito cercano, primando unos intereses sobre la conveniencia social, y aunque no vaya conmigo, la verdad es que me siento molesto, máxime cuando veo el correcto tratamiento que Yago hace del tema en su libro cuando podría simplemente utilizarlo para alimentar el morbo.

 

El padre de mi amigo David se tiró por la ventana meses antes de que yo fuese a vivir a Guadalajara y le conociese. Cuando lo hizo, seguro que únicamente pensaba en que era lo mejor para él, y puede que incluso que para su familia, sus razones tendría? Lo que no creo que se imaginase es que cinco años más tarde su único hijo decidiría averiguar por qué su padre hizo lo que hizo, tirándose desde la misma ventana. ¿Pensó en ello antes de saltar?

 

Mi primera exposición de pintura se la dediqué a mi amigo Manuel, compañero de la Facultad de Derecho. Tuvo varios intentos de suicidio; eran más llamadas de intención que otra cosa. Le escribí una poesía que hoy he borrado de mi memoria y que se leyó en el homenaje que se le hizo al día siguiente de ahorcarse, antes la había leído él, pero no sirvió de nada. Sin embargo, lo de Manuel siempre lo consideré el resultado directo de su enfermedad; y las enfermedades, tristemente, acaban matando a las personas que las sufren.

 

Otro que murió dos veces, aunque la primera fue mucho mejor que la segunda, fue Víctor Mira. En la primera, simplemente publicó su esquela en el periódico ?Victor Mira ha muerto?. Cansado de que la ciudad que le vio nacer, la siempre desagradecida con los suyos, Zaragoza, le ignorase como artista. Juró no volver y cumplió su palabra hasta que ya consagrado, le dedicó una retrospectiva meses antes de que se tirase a las vías del tren. Llevaba anunciándolo en sus cuadros desde hace bastantes años.

 

La muerte no es sino la consecuencia directa de la vida, es inevitable, pero el suicidio implica la vida de otras personas siempre, aunque se esté sólo. Así lo vio Perico, cuando se suicidó en un Hotel de Cartagena, su nota de despedida era una carta de disculpas a las señoras de la limpieza del Hotel, por las molestias.

 

 Me preguntaba al principio de este texto sobre si existen personajes que están predestinados a morir por sus propias manos. Pues ya saben mi respuesta, después de divagar sobre mis más cercanos suicidios, incluso los que al final no lo fueron, descubro que por muy diferentes que sean los casos que les he contado, todos coinciden en lo mismo, y es que cuando alguien se quita la vida, se la está quitando también a los que le rodean, y eso, en definitiva es un acto de egoísmo, pues siempre hay una salida, siempre. Y el que se rinde y decide no buscarla, es un cobarde.