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27/11/2007 · Té para principiantes

- Te has quedado mirando al frente, fijo...

 

- Perdona, estaba en otros mundos? por los cerros de Úbeda?

 

- Como tu prosa, que se pierde por cerros, montañas y cordilleras?

 

La conversación, banal, como si en vez de a lomos de una estrella compartieran un bar de esquina, no logra distraerle de la imagen que ha captado al fondo del universo, más allá de las estrellas que parpadean cada dos segundos o de las lunas que al reflejo de miles de soles sonríen como si cada brillo tuviese un mensaje oculto.

 

La prosa entonces toma forma y en esas centésimas de segundo que pueden ser años en el universo infinito, decide arriesgar a inventarse a sí misma en ese momento. Lucha por salir clara y llamar a las cosas por su nombre. Pero el universo es demasiado y las estrellas más cercana parecen lo suficientemente lejos como para no ofrecerle su calor. Se retuerce, grita una vez más, sin que ningún eco más que el del papel logre devolverle su agonía, y de un salto escapa para volver a ser ella, complicada, como el mármol bruto que un día deberá ser Venus o Afrodita, pero que hoy ofrece su cara más sincera al escultor, para contarle hasta dónde puede llegar sus manos y cuáles serán los caminos que debe seguir el cincel para arrancarle una obra de arte.

 

La prosa se confunde, mira lo que acaba de decir y no sabe si es mejor hacer como el pez, morderse la cola y comenzar de nuevo eternamente, o intentar alcanzar las estrellas de la única manera que conoce, muriendo nuevamente en cada palabra, agonizando en cada metáfora que lucha por salir, quitarse la máscara y ofrecer su verdadero nombre.

 

El viento celeste trae entonces una nueva brisa, como si un molinillo eterno ofreciese su aliento en forma de miles de sonrisas que giran y giran para no llegar a ninguna parte. La prosa decide entonces saltar y dejarse empujar por el viento, esperando que este salto y la fuerza de las sonrisas le empujen hasta las estrellas, roce su calor y se vuelva ardiente, desenfrenado, vacío de ambigüedades y expresiones líricas. Se vuelva verbo, sujeto, predicado y punto; sea así y así lo parezca, pueda por fin dejar de retorcerse de frío y su mensaje deje de dar vueltas y vueltas para entrar en calor.

 

La prosa salta de la única manera que conoce, como es. El viento le empuja en dirección a las estrellas, que se hacen infinitas en el espacio, donde unas simples centésimas de segundo pueden ser años, y una simple imagen de este, puede esconderse en una mirada perdida a ninguna parte.

 

PD. Prueben a leerlo con una buena taza de té; puede que les cueste un poco, pero es un buen principio si deciden arriesgarse a entenderlo. Eso sí, que no sea de Mercadona, por favor?