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27/10/2008 · La verdad sobre B.

Generalmente B es un buen tipo.

 

Acostumbraba a pasar las tardes entre las calles 4 de Agosto y Estébanes, siempre arriba y abajo, departiendo con los camareros desde el púlpito de los borrachos. Con la misma autoridad, aunque sereno. Mascando los caliqueños, porque nunca podía pasar de la primera calada.

 

Quien sabe si B volverá a rondar las calles del Tubo zaragozano ahora que el Plata y Casa Lac vuelven a abrir sus puertas.

 

Generalmente B no podía dar más de dos pasos sin salir al encuentro de algún conocido. Generalmente B no podía callarse lo que de verdad pensaba, ya fuese un comentario florido sobre una hermosa muchacha o un exabrupto al paso de un taciturno y asustadizo clérigo.

 

Puede que B sólo haya abandonado las calles del Tubo temporalmente; puede que en breve podamos volver a escuchar sus eclécticos discursos, esos collage de la vida en los que Espartero tuteaba a Aznar, y Neruda cantaba coplas a Sabina.

 

Cuando B hablaba, la gente se reunía a su alrededor como si de un erudito se tratara. La tropa ofendía en llamar a su declamación, tertulias. Él replicaba que nadie tenía más que decir en sus reuniones que él mismo. ?Las tertulias son cosas de entendidos. Yo soy maestro de todo, entendido de nada, pero no permito hablar a ninguno más pues vuestra ignorancia es creerse saberlo todo?.

 

¿Cómo era B? Ya casi no le recuerdo. Alto, bajo, gordo, flaco? podía ser cualquiera. Acaso unos pasos que arrastraban un desigual baile sobre las aceras.

 

Un día B se preguntaba por qué la Biblia debía ser tantas veces leída y las oraciones aprendidas. Y en cambio pasábamos de puntillas por encima de maestros como Platón, Aristóteles, Kant, Ortega y tantos otros? a los que se nos obligaba a leer tan sólo una vez en la vida.

 

¿Es que no estaba clara la primera vez y debíamos recrearnos toda la existencia para intentar comprenderla?

 

¿O acaso era una verdad que al no poder ser defendida, era necesario aprenderla de corrillo?

 

- Una mentira repetida cien veces se acaba transformando en una verdad -. Reía.

 

Tampoco el Corán o la Sura escapaban a sus vehementes misiles. ?Hoy puedes ser tú?-decía ??Pero mañana serán muchos los que se lo pregunten y abran los ojos a la verdad?.

 

?La verdad?, esa gran promesa que anunciaba ?un día nos llegará a todos?.

 

Hubo una vez entre los correligionarios de una de sus múltiples charlas, al abrigo de los andamios de la calle Estébanes, uno que quiso ver en esta prometida verdad, algo parecido a la salvación.

 

- Salvarnos de qué -. Replicó con su hosco humor B.

 

Y fíjese que aunque nunca haya estudiado usted, amigo lector, lo que significa eso de la salvación. Sabe perfectamente a lo que se refería el imprudente.

 

Y por esos caminos fue por los que B, llevó a sus pupilos en una de sus magistrales, y posiblemente últimas charlas.

 

Habló de cómo el hombre prefiere comprar salvación precocinada, que cocinar su propia verdad. Cómo dejamos que los demás nos digan cómo son las cosas y piensen por nosotros el sentido de todo esto. Y lo peor de todo: Dejamos que todo el mundo piense que nacemos en la condición de No salvados y que hemos de hacer tal o cual cosa, realizar algún ritual o sacrificar nuestra vida para conseguir superar un estado que alguien ha pensado por nosotros que tenemos?

 

Puede que los pasos de B hayan abandonado definitivamente las viejas calles del Tubo. O puede que vuelvan algún día, con esta y otras preguntas arrastradas sobre los adoquines. Con su lento y preciso detenerse en cada esquina para saludar a un viejo conocido. Sin embargo, aunque el eco de su voz quede cada día más lejano grabado en las descorchadas paredes, y el recuerdo de sus espontáneas pláticas se difumine con el tiempo, su verdad ha quedado presente en muchos de los que en su día nos cruzábamos con él, y descubríamos sabiduría en sus alocados discursos.

 

Puede que otro día les hable un poco más de B, de alguna de las cosas que dijo. Tan sólo plantéese hoy, amigo lector, la pregunta que B se hizo sobre esa prometida salvación?

 

 

Descubrirá como yo, que no es la única pregunta que debe hacerse. Y puede que en ese momento empiece a descubrir respuestas, y no necesite ir al tubo para conocerlas.

 

PD: Las historias sobre B se escribirán en función del número de lectores que manifiesten que desean seguir escuchándolas. Hasta la próxima?