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14/02/2013 · Cáscaras vacías

Zaragoza es una enorme tumba, un desierto donde la sed de cultura se sacia buscando oasis en otras tierras. Cada día se asemeja más a un cementerio de caparazones vacíos. Gigantescos contenedores de arte donde sólo el eco encuentra su lugar. La incapacidad de nuestros actuales dirigentes para llenar los museos heredados los convierten en monumentos a la megalomanía de sus ideólogos, pero también en gigantescos recordatorios de la incapacidad de los actuales. El último ejemplo es estremecedor, la colección más importante de arte en Aragón “De pictura”, se marcha a Navarra porque el Gobierno de Aragón no se digna a levantar el teléfono. Sus propietarios la ofrecían gratis, pero la Consejería ha preferido no rellenar ninguno de los museos que tiene vacíos con Saura, Arroyo, Barceló o Broto; entre muchos otros de primer nivel. Resulta frustrante pasear por la necrópolis en que se ha convertido la capital aragonesa, ver las cascaras vacías del Pabellón puente, la Torre del Agua, el Pabellón de Aragón, el de España, la Imprenta Blasco (esta última ubicada irónicamente en la calle Ecce Homo), el Palacio de Fuenclara… y un largo etcétera de edificios-escultura carentes de vida y contenido. Mientras, el Pablo Serrano continúa su agonía, el Fleta es un cadáver del que sólo queda su esqueleto, el Espacio Goya un purgatorio que nunca sabe cuándo acabará a su sufrimiento, y el Centro de Arte y Tecnología un “mortijuelo” que nunca dará su primera bocanada. Quien piense que la cultura en Zaragoza está viva, que se dé un paseo por este enorme cementerio de dinosaurios, que pruebe a entrar en cualquiera de estos edificios y se pregunte su razón. Descubrirá que son fiel reflejo de sus responsables, es decir, cáscaras vacías.

 

Publicado en Heraldo de Aragón