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07/03/2013 · El tubo retuvo

El último limpiabotas del Tubo se traslada para pulir nuevos y más refinados zapatos. Con él desaparece otro vestigio de la época dorada de este castizo barrio zaragozano. Sólo el Bar Texas sobrevive como una trinchera contra el paso del tiempo, parapetado tras su maquinaria de la Guerra fría: Una nevera de sesenta años y una freidora de cuarenta “de las que se fabricaban para no romperse, no como las de ahora”; explica Juan, mientras sirve sus afamadas papas, uniformado con un pañuelo vaquero y una estrella de Sheriff. El limpiabotas sigue la senda abierta por Serafina la cigarrera, Manolo el de la papelería, la Ortopedia “La Francesa” (Llamada así porque traía los preservativos de Francia cuando en España no podían encontrarse) o los peluqueros de la calle Cinegio. El Tubo pierde a uno de sus más ilustres vecinos y con él parte de su esencia. Sin embargo, no puede decirse que el Tubo sea peor ahora, simplemente es diferente. El aroma sempiterno de las freidoras todavía puede reconocerse en algún local, aunque el bocata de calamares ha sucumbido a las tapas de diseño o los platos tradicionales aragoneses. Podría decirse que el Tubo vive ahora su mejor momento y se ha convertido en referente gastronómico de Zaragoza, lugar de culto de turistas, hipster  y crápulas indistintamente. La dejadez del ayuntamiento no ha logrado espantar a los menos valientes, y si bien los días de lluvia las baldosas sueltas convierten sus calles en el juego del “buscaminas” más grande del mundo, y el olor de los solares abandonados retrotrae a los años en que se formó su estructura urbana medieval; el arduo trabajo de los comerciantes y hosteleros por crear un buen ambiente ha dado finalmente sus frutos. La calle Cuatro de Agosto aglomera más personas un viernes por la noche que cuando los zaragozanos expulsaron a los franceses cuerpo a cuerpo. “El Plata” y “El Limpia” conservan parte del encanto que hubo en esta vía frente a un  restaurante que ofrece cocina japonesa de autor, donde el sushi se mezcla con la borraja y el calamar frito se sirve con tempura de tinta negra. Cuesta resistirse a los nuevos encantos del Tubo y aunque diferente, conserva parte de la esencia de lo que fue en su día. El Tubo retuvo, y cada día mejora para satisfacción de sus feligreses.

 

Publicado en Heraldo de Aragón