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30/08/2006 · Sobre los sentidos de la vida

Me cuentan en un mail que han mandado a esta página, que ha perdido el corazón.

 

Es igual si lo hace en prosa o en poesía como en este caso se trata. La réplica es muy simple, sin disfrazarla o justificarla con la lengua de los trovadores: Las cosas no se pierden, simplemente se dejan de buscar.

 

Eso es lo que significa perder algo: Resignarse a no buscarlo más.

 

Porque el que lucha cada día nunca pierde la esperanza, y la esperanza es la razón que nos hace luchar. Quien pierde la esperanza, lo pierde todo.

 

¿Qué es el corazón de todas maneras? A veces un nombre, a veces una excusa. Lo que hay que tener claro es que el corazón no es siempre el mismo; lo que amas hoy, puedes odiarlo mañana. ¿Significa eso que lo has perdido?

 

La verdad es que me pierdo más en la forma que en el sentido de las palabras, y no es excusa para no dar una repuesta digna a los versos escritos con aguijón de avispa.

 

Las metáforas ocupan el mundo de nuestras ideas, el único real que conocemos. Lo que la gente no se da cuenta es que las metáforas tienen un sentido para cada uno de nosotros, pero tienen un sentido diferente para los demás.

 

La palabra corazón no significa lo mismo para mí que para ti, amigo lector. Cuando leas esto verás tu corazón como un sueño, tal vez con unos ojos concretos o puede incluso que como un lugar.

 

Por tanto te invito a que te plantees qué sentido tiene la palabra corazón cuando puede tener tantos sentidos y a que reflexiones sobre si la metáfora que reflejas hoy, es la misma que hace unos años.

 

Olvida la idea de corazón porque es como todas las ideas, cambiante, que se disfraza para ser lo que nuestro interior oculta: Alegría, pesimismo, soledad, esperanza? pero siempre es una excusa; es simplemente la manera que tenemos de escondernos las cosas.

 

No digo que los sentimientos sean algo irreal; tan sólo planteo que no podemos cerrarnos a ver un único significado de la misma idea puesto que cambia, puesto que crece y puesto que a fin de cuentas, la creamos nosotros mismos y somos su único principio y su único final.

 

Cuentan que hubo una vez un pobre gladiador que se enamoró de la emperatriz de Roma y sentía el dolor de su ausencia en el corazón. Hasta que un día, en pleno fragor de la batalla sobre las arenas del Coliseo, quiso liberarse este dolor y le pidió a su contrincante que le arrancara el corazón.

 

Así lo hizo este, nublado por el sabor de la victoria. Y cuando el frío atenazaba los músculos del amante, convirtiendo en muerte el calor de su cuerpo, tuvo las fuerzas suficientes para acercarse a la Emperatriz con el corazón en su mano y mirándole a los ojos, entregárselo.

 

- Siento que no lo quieras -. Respondió esta ?Pero no era necesario que me lo devolvieses.

 

Y con un rictus de muerte, su cuerpo se desmoronó en los brazos del gladiador, mientras del agujero de su pecho comenzaba a manar sangre.

 

El gladiador, comprendiendo finalmente lo que había ocurrido, descubrió que a pesar de haberse arrancado su propio corazón, en su interior existía otro que le insuflaba vida.

 

Herido de dolor, quiso matar también a este segundo corazón, pues no podía soportar la idea de haber matado a su amada, sin embargo cuando tuvo el pequeño corazón de esta ente sus manos, no pudo arrancarlo de su interior pues era la vida de ella la que guardaba.

 

Vivió recordando y lamentando cada latido de su vida, por no descubrir la forma que tenía el corazón de ella.

 

Por supuesto por poco tiempo, porque el Emperador se lo cargó por matar a su esposa. Ya que me invento yo los cuentos, pongo el final que me da la gana. Moraleja: Cada uno que se la aplique como quiera, ya lo he dicho antes: Las metáforas ocupan el mundo de nuestras ideas, el único real que conocemos. Lo que la gente no se da cuenta es que las metáforas tienen un sentido para cada uno de nosotros, pero tiene un sentido diferente para los demás.