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03/11/2006 · Dibujando a Vivaldi

No es que sea un erudito en materia de música, ni mucho menos; es más, mis gustos varían desde ese inmortal Get a grip de Aerosmith, hasta los insuperables versos que Sabina entona melódico con su voz de ultratumba.

 

Suena en estos momentos el concierto para dos violines y dos violonchelos en Sol mayor, de Vivaldi. De vez en cuando las palabras escritas deben estar marcadas por el ritmo melodioso de la cuerda en vez de conspirar a fuerza de renglón torcido en acordes de guitarra eléctrica.

 

Este es uno de esos momentos, pues quiero, al igual que Vivaldi recreó las estaciones, dibujar en palabras lo que la música arranca del cuerpo de una mujer.

 

Sucedió en un coche, durante un breve viaje a cualquier sitio. Mis manos rozaban su cuello cuando habló y el vibrar de su garganta formó notas musicales en las yemas de mis dedos, como si tocasen la parte trasera de un guitarra o la tapa de un piano aporreado a golpe de sinfonía.

 

Dicen que el violín está inspirado en las formas de una mujer; y este argumento es el que utilicé en su día para dibujar el cuadro que puedes observar si pinchas en el enlace. Un cuadro de líneas curvas y melodía monocromática, que sólo canta en los acordes bemoles de la composición. Pintando de rojo (por supuesto, de otro color no podría ser) las cumbres melódicas.

 

La forma del cuerpo la delimita la caja de una guitarra que donó su cuerpo para mi obra. Esta imagen del cuadro que todavía cuelga de mis paredes viene a mi mente mientras sus palabras cantan en mis dedos.

 

El faro de un coche al pasar arranca a su silueta las formas melódicas que imagino debe tener un instrumento musical. Recreando el haz de luz que capté en mi obra, tratando de recrear la fugacidad de las notas musicales, siempre invadidas por otras que la complementan para formar el ritmo.

 

Los violines suenan, los violonchelos le responden. El perfil de sus labios mientras habla retorna a mis ojos y mis dedos vuelven a sentir la vibración de su música.

 

Cada mujer lleva una canción escondida dentro, pero los hombres no sabemos escucharla muchas veces. No es necesario que abra su boca para cantarla, pues la historia escondida que lleva dentro, pugna siempre por salir en cada movimiento. Es necesario abrir nuestros ojos para saber escuchar sus gestos y captar la música que transmite en cada mirada o en cada leve reflejo que acompasa la música de su armonía personal.

 

Vivaldi supo captar la fuerza de la naturaleza en música y yo trato de captar la fuerza de la música en mis cuadros, tomando las formas de la mujer deseada como modelo de la silueta que tiene que tener el acorde más poético o la sinfonía más sublime. A fin de cuentas, cada gesto suyo, cada movimiento, se asemeja al movimiento de cuerda de un violín o al gesto de la cuerda de un arca al ser punteada.

 

kandinsky supo darle color y forma a la música y en sus lienzos podía leerse una melodía. ¿Sabré yo reflejar de la melodía que emana de las curvas de ella, el acorde preciso de color para dibujarle su canción?