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18/07/2006 · Sobre las ilusiones y otras sustancias nocivas.

Viene a colación este texto porque últimamente olvido que los sueños son, en definitiva, lo que hace que deseemos despertar todas las mañanas para llevarlos a cabo.

 

Siempre he sido una persona más soñadora que realista (e incluso alguna vez me he planteado si no soy más sueño que realidad), pero siempre he pensado que para que las cosas sucedan, es necesario creer antes que son posibles.

 

Las ilusiones son, en definitiva, un estímulo. Y en este sentido, cada día que pasa aprendo más a distinguir ente dos tipos de personas: Las que tiene ilusiones y las que no.

 

Las primeras de ellas, se descubren enseguida porque te transmiten su alegría por las cosas, por ínfimas que estas sean. Y es que la ilusión es la música de las palabras. No es lo mismo que una persona ilusionada por una relación personal te la cuente, que lo haga otra que carece de ella.

 

La primera persona se definirá sin lugar a dudas por un extraño timbre que acompaña a sus frases y deja siempre un eco vacío que recuerda a la esperanza.

La segunda; la que carece de ilusión, te habla y parece que sus palabras caigan de su boca y se estrellen contra el suelo conforme las descarga; y es que se asemeja más a escupir palabras, como si el esfuerzo de hacerlo le restase aire para respirar.

 

Ayer me encontré con varios especimenes de estas dos variedades humanas a las que me refiero, todos los días lo hago. Pero desde que aprendí a clasificarlas, un minuto de conversación me lleva instintivamente a encorsetarle unas imaginarias alas que le auparán a sus sueños, o el grillete sucio y pesado del que arrastra una condena; no puedo evitarlo.

 

Por tanto, una vez hecha la clasificación (aun cuando no quiera hacerlo y prefiera dejar que los actos definan al personaje, pero me puede el miedo?). Actúo con la prudencia del que sabe encontrarse ante un enfermo que acabará contagiándote su mal personal aunque no tenga nada que ver contigo.

 

Y es que parece que la carga de algunos es menos carga cuando la comparte entre todos. ¿No se han fijado la rapidez que muestran ciertas personas para liberarse de sus males en forma de palabras? Es algo intrínseco al desilusionado, que los demás dejen de soñar y malvivan en una vida que les viene dada, sin luchar por perseguir las ilusiones.

 

Por fortuna, este tipo de personajes no me afectan más que los segundos necesarios a su lado. Cuando mi mente vuelve a volar lejos de este mundo y me imagino que la cosa más maravillosa está a la vuelta de la esquina y sólo debo torcerla para encontrarla... plaf! Desaparecen.

 

Aprenda usted a diferenciar antes de que le contagien. Es muy fácil. Hagan una prueba: Seguro que ente sus conocidos, familiares, y sobre todo ex parejas, hay alguno que puede corresponderse con la descripción que le acabo de ofrecer. Ahora vaya a esa persona y dígale que se encuentra superfeliz porque en el trabajo, amor, familia o lo que le venga en gana, tiene la esperanza de avanzar o conseguir algo. En definitiva, nárrele un pequeño cuento de la lechera. Esa persona, inmediatamente le dirá los peros, pegas, problemas, complicaciones, etc? que le impedirán que su sueño llegue a buen puerto.

 

Ahora bien, llegado a este momento usted podrá hacer dos cosas. Una: la que suele hacerse. Posponer o incluso dejar la empresa que pensaba acometer.

 

Dos: Pensar que a fin de cuentas, si nadie hubiese soñado que un día existiría Roma, Roma no hubiese existido. Y que cualquier persona puede cambiar el rumbo de su propia vida e incluso de la historia. Sólo hace falta proponérselo. Si no das el primer paso, la meta nunca estará más cerca.

 

Piense ahora que acaba de descubrir una forma de hacer que ese camino sea menos pesado: Soltando el lastre de los que sólo esperan que nadie llegue a la meta porque ellos nunca se atrevieron a correr hasta ella.

 

Joder, parezco el maldito Jorge Bucay, esto me pasa por escuchar tangos.