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27/06/2007 · El molinillo de los sueños

- A veces, te levantas un día y tus sueños se han cumplido. Pero no te engañes, no es magia. Es simplemente que el destino ha ganado, por fin, la partida de dados que juega todos los días-. Explica, como si todo eso tuviese algún sentido.

 

- ¿Por fin?

 

- Claro, ¿o te crees que por ser el destino le sale siempre siete?

 

- Debería de salirle lo que está previsto, simplemente; para eso es el destino?

 

- Pues no-, responde ufana, con su sonrisa permanente en la boca -el destino tira los dados una y otra vez hasta que sale siete, y cuando le sale, siempre dice: ?Estaba previsto?.

 

- Que tontería entonces eso del destino.

 

- No es una tontería-, se molesta, sin perder su sonrisa -. ¿O es que acaso piensas que sin tirar los dados te va a salir siete alguna vez? Así, de la nada -. Exclama, agitando los brazos.

 

- No entiendo qué pintas entonces con alguien que su único poder es ser constante, y que incluso esto no significa que algún día le vayan a salir bien las cosas.

 

- Para eso estoy yo aquí, para ser su amante y entregarme a él antes de que tire los dados. A veces le deseo suerte y otras simplemente le soplo en la oreja con mi molinillo de viento. Dejo que dé vueltas y vueltas, derramando la brisa de los sueños y animándole a no rendirse por muy alta que sea la apuesta.

 

- Sin embargo, no siempre funciona?

 

En ese momento abandona la sonrisa, y su molinillo ralentiza el ritmo al que giran los sueños.

 

- No pretendas acabar con mis energías, pues mucha gente necesita de ellas para vivir. ¿No ves que entonces la desilusión serena al viento y deja que la esperanza agonice de asfixia? Necesita brisa, ilusión, esperanza y júbilo para levantarse y volar, para poner en marcha mi molinillo y que este anime al destino para tirar de nuevo los dados.

 

- ¿De qué respira entonces tu molinillo?

 

- Yo soy la musa de los sueños, y mi molinillo vive de ellos. Una vez, hace muchos años? ? comienza, mientras su voz empieza ha convertirse en un susurro - los sueños vagaban por el mundo de las ideas sin saber qué hacer, sino consumirse a ellos mismos. Pero un pequeño sueño llamado amor, fue a parar al regazo Titania, la Reina de las Hadas. Y esta, al sentirlo tan caliente al roce de su piel, quiso preguntarle qué razón era aquella que hacía que se consumiese tan deprisa. ?Quiero ser, pero no sé hacerlo?. Respondió en una voz que pretendía ser el roce de una lágrima al caer. ?Quiero llegar, pero no sé a dónde?? continuó, clamando en un sollozo. ?No sufras, pequeño sueño? le respondió Titania, ?Estoy segura que si buscamos, encontraremos solución a la pena que te aflige?

 

La Reina de las Hadas ordenó llamar entonces al Hada de las sonrisas. La encargada de hacer que todos los días el sol se despertase por la mañana y buscase el dibujo de la media sonrisa de la luna para destruirla de luz.

 

?Un nuevo encargo te ordeno, Hada de las sonrisas. A partir de hoy deberás buscar la forma para que el sueño del amor se vea colmado y deje su lástima aparcada?. ?¿Cómo podré hacerlo mi señora? Si no soy más que la apariencia y no poseo más poder que el de parecerlo.?

 

?Toma mi varita y conviértela en tu instrumento. Por ella han de pasar el sueño del amor y todos los sueños que quieran verse cumplidos, y tú has de hacer que esto se haga realidad?

 

La Reina de las Hadas entregó entonces su varita y fue colocando en ella todas las sonrisas del Hada de las sonrisas en aspa. La sonrisa de la felicidad, la sonrisa de la gratitud, la sonrisa de la risa? Cuando acabó, sopló sobre ellas y todas comenzaron a dar vueltas, formando un torbellino que aspiraba a todos los sueños que encontraba a su paso. Cuando la Reina de las Hadas dejó en las manos del Hada de las sonrisas el molinillo de los sueños, la brisa que despedía fue a estrellarse con el sol, que respiró el sueño del amor y quedó profundamente prendado de la luna, a la que perseguía.

 

- Es por esto -, explica la niña del molinillo, tras una pausa ?que por las noches la luna reparte los sueños que le ha ido mandando el sol, y todas las mañanas, los que tienen sueños se levantan para intentar hacerlos realidad durante el día.

 

- ¿Y qué tiene que ver el destino en todo esto?

 

- El destino bebe de la brisa de los sueños, que yo le envío a través de mi molinillo para que se hagan realidad. Cada vez que el destino tira los dados, es el intento de un sueño por cumplirse. Por muchas veces que tire, hasta que no sale siete, el destino nunca deja de tirar.

 

- ¿Y entonces por qué muchos sueños no se consiguen?

 

- Porque a veces piensan que no pueden lograrlo, se desesperan y se rinden. Y entonces el destino tira los dados de otro sueño y así continuamente, sucede a menudo?

 

- ¿Y hay algún sueño que nunca se haya rendido?

 

- El sueño del amor, porque como fue el primero, se encuentra en el corazón de mi molinillo y no puede escapar, siempre dando vueltas y repartiendo su esencia por todos los otros sueños.