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21/11/2007 · La inspiración como etílica excusa

Un, dos, tres, probando?

 

ejem, ejem

 

no sé si me va a salir, pero todo es cuestión de intentarlo?

 

vamos a ver? ojos, unos labios carnosos, la mirada perdida y bastantes decilitros de Brugal a falta de Arehucas? creo que está todo. No sé si me saldrá como la última vez, pero no perdemos nada?

 

habrá que intentarlo?

 

Ojos.

 

Acechantes, en resbaladizas miradas que primero quieren traspasarte y después buscan refugio en un detalle.

 

Labios carnosos. Que musitan una sonrisa de perpetúa despedida y el miedo a traspasar la frontera de la corrección para perderse en los desiertos eternos del placer y la sed eterna.

 

La mirada perdida. Navegando de una conversación a otra como la vela de un barco juega mecerse con las olas mientras es dominada por el viento, siempre con un rumbo fijo, siempre sin poder amarrar sus pasos.

 

Brugal, cocacola, hielo? no hay hielo? es igual, parece que funciona, después de tanto tiempo sin escribir?

 

Sed eterna que provoca el placer y que sólo el alcohol sabe saciar su recuerdo, para morir de nuevo en resaca. Desierto de ojos, miradas y palabras musitadas al otro lado del espejo, ese que habla las palabras perdidas de amantes imposibles, de los que se saben dueños de un instante que no les pertenece y deciden exprimirlo al máximo sin haber perdido nunca de vista el horizonte y su destino.

 

Al poco de zarpar en este viaje, la sirena ya había lanzado su canto y Ulises había decidido permitir que Penélope sucumbiese al encanto de los príncipes. Poseidón mando entonces disfrazar las olas de paredes, ruido y barras de bar, nombrar a sus acólitos simples mortales y pervertir de senectud todo cuanto rodea al eterno odíseo.

 

Más Brugal, para tapar los agujeros de la memoria. Más Brugal, para tapar el hedor de las escotillas, y atreverse a izar la driza y escorar el sueño. Más Brugal, pues ya no importa el destino ni las sorpresas que pueda deparar el tiempo. Más Brugal? y en ese momento comenzó la historia, como brotan las lágrimas del viento al morir en el frío de la aurora.

 

?Todos somos uno, íntimos, hasta en el pensamiento.?

 

Su mirada buscaba la comprensión que las palabras nunca podrían ofrecerle.

 

¿Qué éramos en ese momento? ¿Todo? ¿Nada? ¿o parte? ¿Acaso tú y yo solos, o también las sombras de nuestros fantasmas encadenando nuestros impulsos al suelo?

 

Y entonces Peter resolvió volver a perder su sombra, aun a costa de pasar otra vida buscándola o no volver a verla nunca, pues intuyó que Wendy necesitaba descubrir que existía Nuncajamas aunque decidiese no volar a conocerlo nunca.

 

Wendy abandonó su mano, temerosa de perder también su sombra, y Peter supo que a partir de ese instante nunca podría volver a recuperar la suya, y que tan sólo le quedaba volver a vagar por el cielo sin ella, sin Wendy y sin el viaje a Nuncajamas.

 

Tan sólo el horizonte acompaña ahora a Peter, y sobre este vuelve a dibujar y escribir para que algún día Wendy lo lea y decida montar en el barco sobre los tejados de la ciudad y las serpientes de autopistas que sólo saben eternizar la distancia que hay entre las estrellas.

 

Peter dibuja y escribe mientas esquiva a su sombra. Espera, suspira y enciende cada noche la luna por si se le ocurre ponerse en camino. Puede que algún día vuelen juntos a Nuncajamás, pero nadie duda allí de que el tiempo vuelve a sonar dentro de la tripa del cocodrilo marcando el compás de la espera, para desgracia del Capitán Garfio y sus piratas. El cuento ha comenzado de nuevo y acabará como lo hacen siempre los grandes cuentos? ??comiendo perdices? (y bebiendo Arehucas, que el Brugal es muy amargo?)