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01/01/2008 · El héroe se esconde

Mucho tiempo ha transcurrido desde la última vez que escribí en el Diario de Obsesiones, y desde entonces han pasado muchas cosas: Volví a mi isla, cambió el año de número (aunque todo sigue igual), aprendí muchas cosas de mí mismo mientras miraba Tenerife al fondo de la playa de las Canteras, pude disfrutar de los nuevos y sabios consejos de Rut… que siempre tiene a mano un refrán que nunca acaba como empezó y generalmente no tiene ningún sentido. Sueños que se van conforme vinieron… sin más recuerdo que el que te dejan grabar en un lienzo, una receta nueva, dolor en la rodilla derecha y calor en la mirada.

 

Durante todo este tiempo, muchos mails que van llegado a esta  página. La mayoría felicitaciones de año nuevo, alguna de Navidad e incluso he recibido una de Fluvi… (nunca más, por favor…) De entre todas… algunas opiniones sobre mis espaciados escritos, mis cuadros, y en general un número rondando la docena de gente que ha decidido que mis críticas a la labor gastronómica del Mercadona son injustificadas.

 

Entre otras delicatessen de la cadena de supermercados, la mayoría coincide en destacar que la fabada es incluso superior a la de Litoral; también hay quienes hablan maravillas del chocolate, los cereales con sabor a miel, los helados, e inclusive hay quien pide que recomiende probar la horchata… Sobre el té, tengo un particular Pepito Grillo, que reivindica el té con limón granulado mercadonés como uno de los mejores que puedan probarse, pero eso es algo que quedará siempre sin resolver (no estoy dispuesto a probarlo después de mi última experiencia con sus infusiones…) También hay quien recomienda no probar el surtido de galletas o las lasañas congeladas. Tomen nota de todo esto, porque después de tanta misiva sobre un tema tan intrascendental como este, se me han quitado las ganas de volver a comprar allí nunca y me he marcado como propósito de este año nuevo volver al Mercado central y empaparme de la humanidad que se vive en cada puesto.

 

Propósitos de año nuevo… ¿Alguno de ustedes ha logrado cumplir alguno? Yo no recuerdo ni cuál era el de este año pasado…

 

Mi amigo Manu siempre repite el mismo y nunca se acuerda de cumplirlo a partir de las nueve de la noche… “No salir todos los días del año”. Aferrado a la barra del Bacharach, y a las copas de Champagne de las inauguraciones artísticas de Zaragoza, poco a poco va convirtiéndose en protagonista indiscutible de todos los capítulos de la historia nocturna zaragozana. Siempre sabes que lo puedes encontrar en esos tres garitos de esas dos calles; nunca falla, y si lo hace es porque se ha ido a Berlín, o a Pernambuco, para ver a ese artista tan de moda y transgresor que expone en una galería que no conocen ni allí.

 

Posiblemente algún día le dedique una página de mi Diario, comprenderán que antes deba pedirle permiso.

 

Otro propósito es intentar que mis textos se entiendan. El segundo buen surtido de mails que he recibido, coincide en afirmar que les encanta cómo escribo, pero que normalmente no entienden nada de lo que leen (curiosa paradoja).

 

Dalí solía decir que el que entendiera alguno de sus cuadros debía de ser un perturbado todavía mayor que él mismo.

 

Yo simplemente prefiero expresarme como me gusta, sin pretender robar el aplauso del público ni la confianza del lector. Mis textos tienen un deje de súplica por ser entendidos y todo un manifiesto desafiando a quien ose hacerlo.

 

De todas maneras, y como conclusión final a esta breve página de mi Diario, estoy planteándome seriamente hacerme crítico gastronómico y dejar la pintura. Desde que empecé a escribir aquí, sólo me llegan mails pidiendo recetas, y comentando el sabor de este u otro producto… ¿Alguien se pasa por las páginas donde cuelgo los cuadros?

 

Por cierto, durante estos días y hasta Marzo, pueden disfrutar de cuatro pequeñas obras mías en Teo Lainez (Paseo de la Constitución, 35 (bajo).Zaragoza).

 

En abril expongo de manera individual en la Galería de arte Calvo i Mayayo (La Cadena, 28.Zaragoza). De la mano de esta galería también expongo en breve en la ciudad de Tokio. Espero poder disfrutar por primera vez en mi vida de la comida de un restaurante japonés, cocinada por japoneses. ¿Sabían que cerca del 95 por ciento de los Restaurantes japoneses que hay en España son gestionados por chinos? En el fondo no dejan de ser tristes parques temáticos…

 

Por cierto… ¿Alguno de ustedes ha leído Confesiones de una máscara? Del japonés Yukio Mishima.

 

Supongo que no, no es un libro que circule abiertamente por las estanterías, entre los best seller o las grandes obras de la literatura.

 

Sin embargo es un libro interesante en el que he pensado hoy…

 

Una conversación mantenida hace unos días se refirió a mi personalidad como una máscara que esconde otra que no quiero mostrar.

 

No se trata tanto de esconder, como de defenderse. Y ese es uno de los mensajes que Yukio Mishima pretende dejar hacer llegar en su novela.

 

Hubo una vez un héroe que logró conquistar toda la tierra conocida. De norte a sur su vasto imperio se expandía gradualmente gracias a sus hazañas. Este héroe se escondía siempre tras una máscara y nunca nadie había podido descubrir su rostro. Incluso se decía que se dormía y bañaba con la máscara puesta para no ser visto. Preguntado un día por sus compañeros al término de una batalla victoriosa acerca de las razones que escondía tras su máscara, el héroe descubrió su cara con los ojos cerrados y sorprendió a todos con una faz en la que no podía verse ninguna deformación ni razón evidente para ocultarla. El héroe, volvió a colocar su máscara y abriendo los ojos explicó a todo aquel que podía escucharle.

 

- No escondo mi rostro de los demás, ni me avergüenzo de él. Disfrazo mi cara para no verme; esperando de este modo que la máscara esconda los defectos que conozco de mí y que podría reconocer reflejados en vuestras pupilas cuando os lanzo al campo de batalla. Intento no ser más que instrumento de mis objetivos y olvidar que en mi humanidad residen mis mayores defectos. Que el héroe no es nunca héroe para si mismo, sino para los demás. Y esa imagen que vuestra mirada refleja siempre cuando se alza hasta mi máscara es la que batalla tras batalla me convierte en lo que vosotros queréis que sea.

 

Y como si no acabase página del Diario de Obsesiones de alguna manera que costase comprender, seguramente no recibiría ningún mail con quejas en mi buzón… me despido con esta moraleja, y el deseo de que cada uno vosotros encuentre en su interior el héroe sin la máscara que todos llevamos dentro.

 

Tal vez, algún día.