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15/09/2008 · Ingredientes para una disolución

Han pasado ya muchos? muchos días? desde la última vez que escribí en el Diario de Obsesiones. Casi no recuerdo en qué consiste esto?

 

Durante este tiempo he inaugurado una nueva exposición, he visitado Santo Tomé y Príncipe, Sicilia, París de nuevo? muchos lugares, muchos momentos y muchas nuevas personas?

 

Hace menos de una semana que he inaugurado mi última exposición en Zaragoza, en la galería Calvo i Mayayo. El día de la inauguración pude disfrutar de muchos de mis amigos. A todos ellos les agradezco acompañarme en este momento tan especial.

 

Lo cierto es que en términos generales, a la inmensa mayoría de los asistentes les gustó el trabajo que he realizado durante este tiempo, recibí numerosos elogios y esto me reconforta después de tanto esfuerzo.

 

Han sido muchos meses de trabajo intenso, pero el resultado ha merecido la pena.

 

Para volver a retomar este blog, después de tantos meses, voy a escribir poco y ligero. A continuación, reproduzco el texto del catálogo de la edición de este año de Okuparte. Acompañaba a una obra realizada por Javier Sánchez Blasco, el que suscribe este blog, y? en esta ocasión, con la ayuda de Ester Mateo, que se vio sorprendida por la vorágine de explosión creativa que supuso esta obra, pero lejos de amedrentarse, puso toda su energía para formar parte de ella.

 

 

Ingredientes para una disolución:

 

Tantos kilos como tengas de carne desnuda, descalza, da igual su color, si está sana o sí languidece cada noche en sábanas de materia ajena. Puede ser congelada.

 

¼ De aquello que temes o deseas desesperadamente. Tus ganas de vivir o soñar, toda tu infancia metida en un dedal con el que está prohibido jugar. La juventud que queda hecha el ovillo de un avaro.

 

3 Cucharadas grandes rebosantes de nada. Mejor de la que tiene la textura más espesa y sabe como la conversación de anteayer en el ascensor, como el aliento del que mira desde arriba, como la oscuridad del dormitorio en cada despertar prematuro.

 

El zumo del fruto que late en tu costado izquierdo. De un rojo escandaloso en invierno, azul melancólico en verano. Mordido por las avispas, agotado, veneno en el filtro de amor.

 

Sal, pimienta y perejil

 

Modo de preparación:

 

Sobre un estanque, en el césped del parque o sobre el asfalto del patio de recreo, siempre al sol, se tiende la carne, previamente embriagada de alcohol o de medicamentos, o quizá de música y poesía.

 

Mezclamos el sueño, el sudor frío e injustificado, las ganas de hablar, lo que sea que hayas sacado del fondo de tu bombín, lo que sea que llene tu copa y parasite la ropa recién quitada.

 

Añadimos, la sal, el perejil y la nada, con cuidado de que no acabe de devorar al resto de ingredientes.

 

Y desaparecemos en el elemento que hayamos elegido - lágrimas o tierra, mar o nieve, siempre con la sonrisa que da la paz dibujada en el rostro -  para formar parte de él para siempre,