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22/10/2008 · La musa del arcoriris

Y otra vez vuelta a escribir. Como quien no sabe si en realidad no ha dejado de hacerlo nunca. Aunque simplemente no haya posado sus dedos sobre ningún teclado en todo el tiempo que ha estado soñando historias.

 

Dicen que escribir es como correr, no puedes ponerte de un día a otro y esperar caminar diez kilómetros. Tienes que comenzar de menos a más, sobretodo si llevas tiempo sin hacerlo.

 

Así que debería rogar a mis escasos lectores una disculpa previa, por si no estoy a la altura de lo que habitualmente (y sin entrar a considerar la calidad) suelo hacer.

 

Aunque en mi opinión, esto de escribir es más bien como soñar, sólo que en vez de sobre una cama, se hace sobre un teclado. Si el sueño es dulce, mis dedos se moverán sigilosos y bailaran amables. Si el sueño es agitado, mis dedos aporrearán las teclas como quien lucha contra enemigos que intentan asfixiarte con almohadas y sábanas húmedas?

 

Vamos a ello? en realidad es simple, o así lo veo por lo menos lo veo yo. Cierro los ojos y comienzo a soñar. No es como tirar los dados, aquí todas las caras tienen siete.

 

 

?Ella se acerca en su pensamiento, sin saber muy bien dónde mirar, sin saber si realmente existe. Su mirada pura y blanca, altiva para no ensuciarse con el polvo del suelo o los colores de la realidad. A fin de cuentas es ?su? mundo y nunca ha sabido muy bien si estaba en él.

 

¿Siento su presencia? -. Se pregunta.

 

Nota que hay alguien ahí. El rojo de su calor lo domina todo, aunque nunca ha sabido muy bien su origen.

 

Sin embargo ese día, su mirada altiva descubre algo entre las nubes blancas.

 

Un resplandor entre las nubes, una suave brisa que las mueve y deja ver luz entre ellas. Y escondido en el sonido de la brisa, un rumor. Posiblemente el origen de esta. Siente que le está llamando por su nombre, aunque desconoce cuál puede ser, pues nunca ha salido de ?su? pensamiento.

 

Pronto el azul del cielo comienza a inundarlo todo, devuelve la vida a todo lo que toca. Su mirada decide bajar hasta sus manos, que reflejan esta tonalidad, mientras su piel cobra vida y movimiento como la superficie del mar.

 

Siente cómo el color sube hasta sus hombros como un frío beso. Recorre su piel y dibuja sus hombros, sus clavículas, sus pechos, su garganta, sus labios entreabiertos? hasta llegar a sus ojos.

 

Estos miran entonces de nuevo arriba y descubren que detrás de las nubes existe el cielo, bajan abajo y se sorprende al ver la forma de las cosas, de un tono azulado pero uniforme. Miran su piel y la comprenden vacía de vida. Azul, fría como el hielo o las piedras. Nunca supo que tuviese piel hasta que descubrió el azul.

 

Su lengua recorre entonces sus labios y descubre una extraña sed que no había sentido antes. Se pregunta de qué pude ser, y prueba a beberse todo el azul. Está frío, tan frío como lo está ella, pero no logar apagar su sed.

 

Sin embargo, sus ojos ya han cobrado vida y nota cómo empiezan a mudar de color. Sobre el suelo que antes pisaba azul, ahora empieza a despertarse el verde conforme posa sobre ellos sus pupilas. Como un faro de vida al que asomarse para encontrar la orilla lejos de todo ese mar de tonos azules y fríos.

 

Sus ojos descubren las hojas de los árboles, la esperanza escondida detrás de cada sueño, el aroma de la hierba?

 

El susurro comienza entonces a convertirse en voz, y el eco de su nombre retumba, como el sonido de los dedos sobre el teclado en una historia de esas que se sueñan agitadas.

 

?Le? llama, ?le? dice todo en su mirada sin atreverse a abrir la boca y romper las cadenas que le atan. Pero ella no quiere perderse ninguna de ?sus? palabras y abre los ojos esperando descubrir en ellas un nuevo color con el que iluminar su vida. Los abre con tanta intensidad que comienzan a dolerle.

 

Entonces hace su aparición el color rojo, arrastrándose por sus pupilas y expulsando al color azul, que se derrama sobre las mejillas en forma de lágrima.

 

El rojo del dolor inunda todo, pero trae el calor. Una sensación nueva, que nunca antes había sentido.

 

Pasea su mirada alrededor y descubre las flores, las fresas, la pasión escondida y el fuego?

 

Mira entonces de nuevo sus manos y descubre cómo estas van cobrando vida, cómo sus brazos sienten la primera caricia y la piel de su cuello se eriza al sufrir su primer escalofrío.

 

Siente cómo el rojo se derrama por todo su cuerpo. cómo el calor sube, baja, la posee mientras ella se deja hacer. Cómo sus labios arden al concentrarse allí todo el color.Y al pasar su lengua por ellos, descubre el sabor del deseo, del hambre, de todos esos sabores que ha sorprendido en los colores y que necesita pobrar para poder comprender.

 

Sus ojos cambian de color, azules, verdes y a veces rojos. Reflejando amor, pasión, lágrimas?

 

Puede que cuando se crucen con los de ?él?, cuando sea capaz de descubrir ?su? nombre saliendo del rojo de sus labios, descubra por qué decidió enseñarle los colores para descubrir su rostro.?

 

 

Abro los ojos? y todo a mi alrededor es de color rojo.