compartir

14/04/2010 · Y con viento de Levante.

 

Dos veces en mi vida me he embarcado en la tarea de escribir un libro. La primera de ellas tuvo lugar hace muchos años, y su detonante fue la musa, ese ente etéreo y difuso que puede ser cualquier cosa, o tal vez sólo el reflejo de nuestras esperanzas. La segunda, fue nuevamente la musa, con la misma mirada, pero inspirándome otras cosas al oído.

 

 

En esta ocasión, me está costando más escribir este libro, de hecho, estoy más atascado que Falete en un seiscientos. No entiendo muy bien la razón. Supongo que a veces la musa viene tan fácilmente como se va. Y en esta ocasión, ha decidido visitarme muy de vez en cuando.

 

El argumento? supongo que sentirás curiosidad, pero ni yo mismo lo tengo muy claro. Cuando me siento a escribir, no pienso en lo que estoy haciendo, simplemente me dejo llevar. Por supuesto que hay una idea, y un mensaje. Tal vez algunas escenas claras. Pero me gusta no plantearme el final, así pienso que el protagonista actúa con más independencia puesto que no conoce su futuro. Si algún día lo acabo, ya os lo dejaré leer.

 

El primero que escribí, hablaba de amor, de arte, de vida, de inspiración? Me lo dictó la musa al oído, y lo hizo muy bien. Estas semanas me he decidido a publicarlo (lo escribí hace siete años). Se lo he dejado a mi amigo David Lozano para que lo lea, y me ha animado fervientemente a hacerlo.

 

David es ahora un reconocido escritor. Publica libros en más países de los que yo haya vendido alguna vez un solo cuadro. Sudamérica, Italia, Alemania, México, Francia? La lista es muy larga. Cuando nos conocimos, él trabajaba en un banco, y yo iba a sacarme la libreta en la que pensaba ahorrar lo que ganase vendiendo cuadros. Él fue quien me compró mi primer cuadro. Cuando llegué a la oficina y empezamos a hablar, se interesó por lo que hacía e hizo el primer ingreso de la cuenta a cambio de una de las acuarelas que llevaba encima. Se podría decir que me dio el primer empujón. Es por esto, y por su reconocida labor como escritor, por lo que he acudido a él para comenzar mi aventura literaria. Ya les iré contando?

 

David ha escrito la trilogía de La puerta Oscura. Una serie de novelas góticas que me he leído de arriba a abajo, y eso que no me gusta en absoluto esta clase de literatura. Sin embargo, la trama, la descripción de los mundos imaginarios, la tensión argumental? todo hace que sea una intensa lectura, capaz de enganchar y embriagar a cualquiera.

 

Tengo sus tres libros dedicados en mi casa, y David tiene impresa mi novela, aparte de mi cuadro colgado. Supongo que hay amistades que se basan en vínculos más intensos que quedar o llamarse a menudo. Esta es una de ellas.

 

También mi amigo Javier Sánchez Blasco escribe, y mucho, lo hace todos los días. Cada noche, se enfrenta a la pantalla del ordenador como quien se asoma a una ventana en busca de aire fresco. Desliza sus dedos por el teclado con la parsimonia del deleite, de disfrutar lo que hace. Ha ganado numerosos concursos, ha escrito cerca de mil cuentos, y ha comenzado cuatro novelas, Sin embargo, nunca ha publicado ninguna de ellas. ¿Por qué? Porque nunca las ha acabado. Javi empieza novelas, pero siempre se le ocurre una mejor cuando le queda poco para acabar, y la abandona. Padece un eterno síndrome de Sísifo literario. Estos días me pregunto si me pasará como a él, y abandonaré mi novela porque pienso que puedo escribir otra mejor, o pintar un cuadro más interesante al que dedicarle el tiempo.

 

Él me anima a no hacerlo, y cuando le reprocho que Consejos vendo, que para mí no tengo. Calla y me da la razón, aunque argumenta que cuando una novela logre cautivarle hasta el final, será porque es tan buena, que merece acabarla.

 

A lo mejor es un disfraz de eufemismo aplicado a la literatura, valga la redundancia, pero no deja de tener razón. Sin embargo, ceo que se trata de un acto injusto para con el resto de sus lectores, pues nunca podremos disfrutar de su obra más extensa, y posiblemente intensa. Espero que este blog, que repasa cada poco tiempo, le haga meditar y darnos por fin el gusto de tener ante nuestros ojos una de sus maravillosas historias.

 

Por último voy a escribir sobre Yago de Marta, que como yo hiciera con David Lozano, me ha pedido que lea su manuscrito Anomia. Una obra, compleja, actual y desenfrenada, que plasma en su rigor dialéctico el reflejo de una sociedad desencantada, una juventud avejentada, que busca un sentido vacío de cimientos a la vida. La plasmación de todo el sentir subjetivo de una generación en la figura de su protagonista. El estilo adoptado a la hora de realizar la prosa, convierten a este breve documento, en una obra a tener en cuenta en cuando se decida a publicarlo. Pero los libros son como el vino, hay que dejar que el tiempo los madure antes de la primera cata. Yo he tardado muchos años en desempolvar mi novela, supongo que la distancia le ha dado cierta autonomía de lectura. Ahora el autor es alguien que se parecía a mí, hace diez años. Y eso te hace englobar todo con más nitidez.

 

Supongo que un poco de literatura no está de más, para desempolvar este Diario de Obsesiones. ¿El título? Un peculiar homenaje al Shakespeare español y la musa escondida en los pliegues de lo que no puede leerse. Si quieren que hablemos otro día de más libros, manden algún correo y atenderé su petición, no lo duden, soy mejor lector que escritor.

 

Y supongo que lo correcto en este caso sería decir, Fin.