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30/12/2010 · ¿Cultura? Tocado y hundido

El pintor aragonés Víctor Mira publicó en un periódico su propia esquela, cansado de ver cómo no encontraba eco en su propia tierra. Hastiado, decidió morir para una comunidad tan ingrata con su obra, y encontró más allá de los Pirineos el reconocimiento justo que merecía. Juró no volver nunca más, aunque esta promesa fue incumplida cuando su nombre sonaba tan fuerte que lo oyeron hasta nuestros políticos, tan sordos para estas cosas del arte, y le organizaron una exposición por lo bien que llevaba a todo el mundo el nombre de Aragón (curiosa ironía). El último trabajo de Mira fue un Disparate para el museo del grabado de Fuendetodos en homenaje a Goya, el aragonés universal, que también huyó de esta tierra echando pestes tras los problemas que sufrió pintando una de las cúpulas del Pilar.

 

La historia se repitió otra vez con Jorge Gay, que nunca pudo pintar su hermosa obra financiada por HERALDO para el Pilar, y volverá a repetirse con la bóveda proyectada por el pintor madrileño Antonio López, el pintor vivo más caro del mundo. Alguien que no necesita currículum y que supone una oportunidad histórica para Zaragoza y Aragón.

 

El frío recibimiento por parte de las instituciones políticas y eclesiásticas de nuestra comunidad, así como la falta de apoyo y de visión artística, turística y económica por parte de la DGA y el Ayuntamiento de Zaragoza, va a echar a perder un acontecimiento que podría situar a la ciudad en el mapa cultural internacional. Algo, que ya no sorprende a nadie hoy en día, puesto que la política cultural de estas dos instituciones ha decidido seguir las pautas de otro de sus representantes aragoneses más ilustres: Buñuel. Es decir, el surrealismo.

 

Imaginen el guión de una película buñuelesca: Esculturas que se trocean para después volver a pegarse, Teatros que se tiran para volver a levantarse, proyectos de museos que se repiten una y otra vez hasta desparecer. Ahora quiten el ?imaginen? y den forma a la realidad con nombres, apellidos y coste: Splash, Teatro Fleta y Espacio Goya. Como guión de película buñuelesca no está nada mal, el problema es que han costado a todos los aragoneses varios millones de euros y ningún productor de cine estaría dispuesto a pagar este presupuesto.

 

Se habla desde hace unos años del Desierto Cultural de nuestra comunidad. Es una bonita metáfora, de la que es culpable en buena parte nuestra sociedad y nuestros artistas, incapaces de levantar la voz ante hechos tan graves como estos y de criticarlos por el simple hecho de que morderían la mano que les da de comer. Así, no es de extrañar que ninguno pueda tomar el timón de manos de Buñuel y hacer evolucionar a esta comunidad más allá del surrealismo cultural.

 

La política cultural del Ayuntamiento de Zaragoza es más parecida a un barco que a un desierto. A golpe de grandes proyectos, candidaturas y exposiciones internacionales, se asemeja a un capitán que decide no gastar el presupuesto en tinajas para guardar el agua, y así poder destinar el dinero a alcohol en cada puerto que paran. De esta manera consigue que la tripulación esté contenta y aletargada de borrachera cultural en borrachera cultural, y olvide la sed que tiene que pasar durante el viaje. Que sea precisamente la llamada Ciudad del Agua la que mantiene esta política desde hace años, es un ejemplo más de surrealismo aragonés.

 

La política cultural de nuestra comunidad hace aguas y no se hunde todavía porque de vez en cuando les da por vaciar las bodegas. Pero no es posible evolucionar a base de borracheras culturales como la Expo, la candidatura de Capital Europea o Expo Floralia, porque el alcohol hace que veamos muchas veces el doble, deja muy malas resacas y sobretodo mucha sed al día siguiente.

 

Sed de cultura.

 

Publicado en Heraldo de Aragón