compartir

05/01/2011 · Carbón para todos

 

Contaba muy entristecido el Rey Baltasar, tras descender de la carroza por la que recorrió las calles de Zaragoza este pasado 5 de Enero, que por primera vez en toda su vida, este año no habían podido dar regalos a los niños de todos los lugares del mundo, y que paradójicamente, el único lugar en que no pudieron cumplir con bimilenaria tradición era la misma ciudad en la que la comenzaron; adorando a un niño que les había indicado una enigmática estrella.

Y es que, cuando llegaron a su tan querida Belén, un muro de hormigón, de varios metros de altura y 200 Km de longitud, les impidió continuar el paso.

-Déjanos pasar –gritó Melchor al muro, que erguido desafiaba a sus pequeñas siluetas.

-Antes deberán identificarse –respondió una voz ronca y ajada, de piedra -¿Qué es lo que quieren ustedes?

-Somos los Reyes Magos de Oriente y venimos a repartir regalos a los niños de Belén.

-¿De Oriente? No va a ser posible el paso entonces, son potencialmente peligrosos ¿Qué llevan en esos sacos?

-Los regalos que nos han pedido los niños de Belén.

-¿Regalos? Yo soy el mejor regalo para esos niños, la seguridad.

-¿Seguridad? –corearon los tres al unísono –ninguno de los niños nos ha pedido eso. Han pedido juguetes, han pedido amor y han pedido paz, pero ninguno ha escrito seguridad en sus cartas, sino más bien comprensión y entendimiento.

Y comprensión es lo que no hallaron frente a ese nuevo muro de la vergüenza, teniendo que dar la vuelta y volver sobre sus pasos. De regreso a occidente pasaron por Ojos Negros (Teruel), famoso por sus minas de carbón. Y cuando esa noche repartieron los juguetes a los niños del resto del mundo, a los adultos les dejaron carbón, a los políticos, a los periodistas, a los maestros y a los futbolistas, a los bomberos y todos los que durante ese año habían cerrado los ojos y la boca. A ver si de esta forma escarmentaban y se decidían de una vez a luchar por un mundo más justo.

 

Publicado en Heraldo de Aragón