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12/11/2012 · La importancia de llamarse inculto

Me gusta citar a Oscar Wilde como referente cuando se trata de hacer alguna crítica a la incultura de nuestro país, como la que voy a hacer. El genial escritor irlandés tenía siempre una cita mordaz en la punta de su pluma cuando se trataba de reflejar en sus obras a la sociedad de su época. Diríase que usaba veneno de cobra en lugar de tinta para describir a los mediocres, de tan agudas y sibilinas que resultaban. Citar hoy en día al autor de “La importancia de Llamarse Ernesto” supone un riesgo, pues si bien hace años la persona que desconocía al dramaturgo, asentía y evitaba mostrar su ignorancia parapetado tras una sonrisa y el silencio, hoy te arriesgas a la interrupción de tu disertación porque el receptor no sabe de quién estás hablando, y lo más preocupante, tampoco muestra vergüenza en revelar su anteriormente tácita ignorancia a voz en grito. Acostumbro a responder que le pregunten al señor Google, pues aunque entiendo que no todo el mundo tiene por qué conocer a Oscar Wilde, me reservo el derecho al menos de ofrecer una respuesta a su altura o semejanza. Decía Wilde que “nada se parece tanto a la ingenuidad como el atrevimiento”. Hoy en día esta aseveración torna en predicción, pues la incultura lejos de ser una mácula que ocultar o un oprobio que superar mediante la formación, se ha convertido en símbolo de la altivez, disfrazada de autosuficiencia. El joven de hoy en día no sufre por mostrar su ignorancia, sino que se enorgullece e incluso le parece algo divertido para ufanarse y resultar cómico o cercano. Pienso que la culpa de la incultura general en España es de nuestro sistema educativo, y que la falta de pudor y el afán por mostrarse inculto lo ha causado nuestra televisión. Si los roles que reflejan las cadenas intentaran acercarse más a lo que merece la pena y menos a lo que vende, nuestros jóvenes verían modelos más allá del futbolista narcisista, el ganador del concurso de a ver quién la dice más gorda y la tertuliana soez, vulgar y analfabeta. Resulta lamentable ver en nuestra televisión cómo se denomina profesionales del periodismo a  personas que carecen no sólo del rigor necesario para informar, sino de la más mínima educación y corrección ligüística. Que los programas pugnen en audiencia batiéndose en un duelo de gargantas e improperios, pensando que el espectador es tonto y se traga lo que echen, acaba convirtiendo al espectador en tonto. La incultura gobierna nuestro día a día y el hecho de haberse vuelto pública y manifiesta la ha popularizado, pues siempre piensa el tonto que en el país de los ciegos basta con usar un ojo. Resulta frustrante cada vez que alguien me pregunta por Oscar Wilde, pues nadie tiene ya excusa para acceder a la educación y la cultura, y si no lo saben, el origen del problema es de quien considera que no es importante; seguramente porque tampoco lo sabe y piensa como el tonto, que si todos abriesen los dos ojos, dejaría de ser el rey.

 

Publicado por www.elsatiromordaz.com