compartir

29/07/2006 · El faro por testigo

Murcia siempre se destapa silenciosa, como surgiendo cada amanecer con un traje nuevo y el sueño todavía pegado en las pestañas. Ahora donde estoy, el faro de Cabo de Palos dibuja suavemente de sombras el asfalto todavía caliente. Aquí, en la playa de Levante; cuya placa metálica con el nombre de la calle a la que da nombre, cuelga de las paredes de mi cuarto en homenaje a mis raíces cartageneras; el horizonte comienza a desdibujarse de colores para augurar el reflejo blanco de la luna.

 

Mirando al faro, que gira sobre sí mismo bailando su luz sobre edificios, barcos, olas y la arena de la playa; recuerdo historias que han tenido al salvador edificio de testigo.

 

Historias como la de la bruja Maruja, que mi tío Federico nos contó una tarde de mi infancia, antes de arremeter peldaño a peldaño contra el vértigo del punto más alto del Cabo.

 

La bruja Maruja ?contaba mi tío con ese deje ícue que nada más pisar Cartagena se te graba en la lengua-, era la mujer del farero. Todas las noches subía a lo alto del faro y abrazaba el cristal que protege la enorme bombilla. Y giraba y giraba montada sobre la luz, cabalgando sobre patios y sobre la carretera, entrando por las ventanas abiertas y colándose en las habitaciones de los niños. Cuando vuestra madre y yo éramos pequeños, cerrábamos siempre las persianas de toda la casa, porque creíamos que cualquier día la sombra de la bruja Maruja se quedaría en nuestra habitación para darnos miedo? Una noche, el farero subió con una enorme manguera hasta lo alto del faro, tuvieron que empalmar todas las mangueras del pueblo para conseguirlo. Y cuando Maruja estaba a punto de abrazarse al cristal protector, el farero descargó el agua fría sobre su mujer como escarmiento. La gente entonces vio la sombra de la bruja Maruja chorreando, y dejó de tenerle miedo porque decían que la bruja se había caído al mar en uno de sus vuelos, al haber perdido los poderes.

 

Esta, es la primera historia que escuché sobre el faro de Cabo Palos, del que dice la canción ?El faro de Cabo Palos,lo han hecho los catalanes, y dicen que ha durar, mientras que duren los mares.?

 

Después han venido otras historias más o menos verdaderas, como la del Sirius, el trasatlántico que se hundió frente al Hormigón y la Hormiga hace un siglo este verano, y en el que entre otros muchos fallecidos, murió toda una congregación de monjas al no poder ser arrastradas por los pelos, puesto que se los rapaban antes de ponerse el hábito. Curiosamente, siendo día de levante y estando la Hormiga y el Hormigón frente a la playa del mismo nombre, todos los cadáveres de la tripulación fueron arrastrados a la orilla de esta playa, pero los de las monjas aparecieron en la cala que hay al otro lado del cabo del faro, como si la noche hubiese sido de leveche y las corrientes hubiesen jugado con el destino. Hoy. Esa cala es conocida como la de las Monjas, y hay quien jura que todos los aniversarios del hundimiento del Sirius, se les escucha cantar salmos. Esta historia me ha servido en más de una ocasión, para gozar del terror que sufren las incautas que se arriesgan a escuchar conmigo los salmos de las monjas (entre otros placeres).

 

Como ven, cada sitio tiene sus historias y las historias hacen a cada uno de un sitio. Las que se escuchan y las que se viven, pues el faro de Cabo Palos ha sido testigo de muchas de mis más sinceras declaraciones de amor; ha sido reflejado en los ojos más bonitos que hasta ese día hubiese visto, y al día siguiente también? el milagro es que siempre consigue que cada momento sea único y no recuerde a los anteriores.

 

El faro también forma parte de la mitología de nuestra generación. Se dice que en realidad no sirve para iluminar a los barcos los barcos el camino de vuelta a tierra segura, sino que hubo de hacerse para enterrar al abuelo de uno de mis amigos: El Pesca. Cartagenero de pura cepa. De esos que desayunan un Bloody Mary y se acuestan con un asiático bien cargadico, pijo. Al parecer, gozaban de tal renombre las hazañas sexuales que a buena ventura tuvo el susodicho, rondando los 70. Que a día de hoy la fama perdura para chufla y admiración de los que nos reunimos con el Pesca todas las noches del mes de Agosto a la sombra del faro. Se dice que aparte de ser un mausoleo meritorio por la enormidad de sus hazañas, fue la única manera física de enterrarlo boca arriba como mandan los cánones. Por eso, todos los botellones empiezan siempre con un brindis sincero al abuelo del Pesca.

 

 

Si gozan de la oportunidad de ir a Cabo de Palos, no dejen pasar la ocasión de subir al faro con la luna desafiante. Declaren su amor con el cielo dando vueltas encima de ustedes, miren las parpadeantes luces de La Manga del Mar Menor, busquen el faro de la Hormiga, siempre traicionero; del que se cuenta una historia que otro día escribiré. Salten la tapia para mirar al infinito desde la esquina más lejana; está prohibido e incluso es peligroso, pero merece la pena si gozan de buena compañía. Ahora les dejo, me queda cruzar la playa de Levante y subir la empinada cuesta, saltar la tapia y mirar como atardece sobre los tejados de Cabo Palos, cómo el Mar Menor se tiñe de sangre, y escuchar cómo sopla el viento por si la buena ventura hace que esta noche el faro escuche mis siempre sinceras y poco perdurables palabras, sobre su erguida imagen reflejada en los ojos más bonitos que hubiese visto nunca.